Quién somos

La asociación se formó en el 2005, cuando un grupo de profesionales de la salud mental vieron la posibilidad de realizar al mismo tiempo una labor social y medioambiental: acabar con la situación de desamparo que vivían los burros y, al mismo tiempo, aprovechar sus grandes cualidades para las terapias con personas discapacitadas.

¿Pero qué aportan burritas como Esperanza o Blanca a quienes se benefician de estos tratamientos? ¿Cómo se logra este pequeño milagro? «Bueno, no podemos hablar de un milagro a nivel terapéutico -prosigue Elsa- , pero la magia, si quieres llamarlo así, se logra cuando tienes un entorno psicológicamente seguro, con unas interacciones muy naturales, muy sanas, muy directas y muy claras». Este es justo el entorno que muchas personas con discapacidad no tienen. «Porque a veces vienen de entornos poco sanos a nivel físico, o demasiado protegidos, en los que no les dejan tener sus propias experiencias». La forma de trabajar en la Asociación Andrea es dejar mucho espacio para que se produzca la interacción entre la persona y el animal. «Lo que les motiva a la participación es verse en medio de una manada de animales con un carácter muy tranquilo y respetuoso, sociable, muy curioso y colaborador. El burro le aporta a la persona un abanico grande de posibilidades de interacción». En Allariz tienen también un centro de atención a los burros maltratados, al que siguen llegando animales con problemas de salud por maltrato, abandono o porque sus propietarios, ya muy mayores, no pueden cuidarlos.